martes, 19 de enero de 2010

Gracias;

Cuando me enteré, casi no pude decir palabras sobre tu muerte. No sé muy bien por qué. Aunque supongo que siempre me ocurre eso con las cosas que me lastiman. No puedo nombrarlas mientras me duelen, o mientras me duelen mucho, o mientras son un dolor nuevo y desconocido, un dolor que busca su sitio en el cementerio de tristezas que todos tenemos en algún lugar del alma.
Pero al mismo tiempo supe, desde el momento mismo en que me enteré, temprano en la mañana, que iba a tener que escribirte estas líneas, u otras como estas. Eso también es algo que me ocurre con las cosas que me duelen. Se me traban en la lengua pero se me destraban en palabras, cuando las escribo. Aunque con la muerte nunca sea sencillo. Siempre es más dificil con la muerte.
Pero si tengo la necesidad, casi la obligación, de escribirte por lo menos estas líneas, es por todo lo que te debo desde hace muchos años, y que no pude o no supe agradecertelo correctamente en su momento. Espero sepas perdonar, a medida que yo avance en este relato, semejante dilación por mi parte. Digamos que tiene que ver con eso de lo difícil que es lidiar con la muerte. Con todas las muertes. Pero dicen que nunca es tarde, de modo que tal vez, sea este el momento de darte las gracias, mis propias gracias, esas que tengo demoradas desde hace tanto tiempo. Ahora que te fuiste, siento que es el momento de decírtelo, o escribírtelo, que como ya apunté, es mi modo de decírtelo.
Vos no necesitás que yo aquí te recuerde como eras. Cualquiera que te conoció, sin lugar a dudas, lleva por dentro el mismo recuerdo que yo mantengo.
Jamás vas a escuchar palabras mías hablando mal de vos. Y no por que no quiera, o no quiera decirlas por que soy tu nieto, y un nieto jamás hablaría mal de sus abuelos, y menos de una abuela que hasta el úlimo día de su vida se comportó como siempre supo hacerlo. Sino por que no puedo. No puedo por que si lo haría estaría inventando algo que nunca ocurrió. O tal vez alguien si pueda, siempre hay quién le encuentra "la quinta pata al gato". Pero bueno, yo no tengo con qué, yo conservo el deber de la memoria.
Ya ves que no es por que sí, que vos te vas y yo me acuerdo de estas cosas. Será más bien que mi educación es un puente que perpetuamente me conduce hacia mi persona. Y bueno. Vos estuviste siempre parada en ese puente. Así que gracias. Eternamente gracias y hasta siempre.

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