Era una noche preciosa, y así las cosas iban a ser mucho más difíciles. Tal vez si hubiese sido una de esas noches insulsas de junio, frías y llovidas. Pero no, justo tenía que tocarle el aniversario en una noche semejante, en una jornada de fiesta del universo, me cacho.
Trató de controlarse. Esos reproches sólo lo conducirían a echar por la borda todo el esfuerzo. El médico se lo había adelantado. Nada bueno saldría de remover heridas viejas. No debía compadecerse. Debía concentrarse en lo que había ganado, no en lo que había perdido. "Cuando se sienta flaquear acúerdese de la pesadilla por la que pasó. Acuerdesé." Así decía el médico, y él se acordaba. De veras se acordaba.
domingo, 20 de septiembre de 2009
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