Y resulta descorazonador que delante de esa mujer surjan semejante cantidad de turbaciones, pero él se disciplina al extremo para concluir que sí o sí, definitiva, total y absolutamente tiene que cortarla, dejar de darse manija, dejarse de joder.
Nada de sutilezas preparatorias. Nada de "sabés que pasa", "que estuve pensando", "que tal vez", "que en una de esas", "que podría ser", "que qué te parece", o cualquiera de esas formas coloquiales que sobreabundan en el idioma castellano y que sirven precisamente para evitar eso que ve en el rostro de ella, esa perplejidad, ese quedarse sin responder por la sorpresa misma del arranque.
Y es ridícula su vergüenza. Sobre todo tratándose de dos personas grandes.¿Por qué no decirle sencillamente la verdad? Encararla de una vez sin pretextos, y darle a entender lo que siente por ella. Son adultos. Debería bastar con algunas medias palabras, algún gesto mundano que a ella le de a entender sú interés, y que luego se imagine el resto.
¿Por qué no puede hacer eso? Porque no. Por eso. Porque lleva un buen tiempo callándoselo que prefiere que lo entierren con la verdad a cuestas antes que soltar de mal modo una versión edulcorada, dietética, digerible de lo que siente por ella.
jueves, 16 de julio de 2009
sábado, 11 de julio de 2009
Más Dudas;
Su mitad que odia la incertidumbre, y que anhela hasta la desesperación concluir con esto, opina que está bien llegar hasta aquí: mal que mal ha conseguido algo que se había propuesto. Y es esa mitad cautelosa la que sospecha que si avanza más, todo se irá al diablo y se saldrá de cauce (aunque esto último tampoco le desagrada, por lo menos sería una forma de desahogarse).
Pero tiene otra mitad, y fuertes deseos de llevarle el apunte a esa otra mitad. Al fin y al cabo, es la parte de sí que ha sentido el deseo y que ha sostenido la decisión de comenzar con esto. Y esa mitad le recuerda a cada rato, que esta historia no terminó allí, sino que debería seguir rodando, e intentar darle un final. ¿Qué es entonces lo que lo tiene tan tenso, tan nervioso, tan ausente? ¿Es simplemente la incertidumbre del cómo seguir? ¿Serán sólo los nervios de sentirse que está en el medio del río sin poder ver la orilla?
La respuesta es más simple y al mismo tiempo más ardua. Está así porque hace 2 semanas que no tiene noticias de ella. Claro, por qué habría de tenerlas. No hay motivos para que las tenga.
Pero tiene otra mitad, y fuertes deseos de llevarle el apunte a esa otra mitad. Al fin y al cabo, es la parte de sí que ha sentido el deseo y que ha sostenido la decisión de comenzar con esto. Y esa mitad le recuerda a cada rato, que esta historia no terminó allí, sino que debería seguir rodando, e intentar darle un final. ¿Qué es entonces lo que lo tiene tan tenso, tan nervioso, tan ausente? ¿Es simplemente la incertidumbre del cómo seguir? ¿Serán sólo los nervios de sentirse que está en el medio del río sin poder ver la orilla?
La respuesta es más simple y al mismo tiempo más ardua. Está así porque hace 2 semanas que no tiene noticias de ella. Claro, por qué habría de tenerlas. No hay motivos para que las tenga.
jueves, 9 de julio de 2009
En ese momento tragó saliva porque hay formas y formas de hablar y de decir las cosas, no sólo por las palabras con ese "vos" al final que suena muy pero muy llamativo, sino que además hay tonos y tonos, y ese tono es el de ciertas ocaciones, ocaciones que tiene grabadas una por una con tajos de fiebre en el monótono horizonte de su soledad.
domingo, 5 de julio de 2009
Dudas;
A ella le gusta que le muestre lo que escribe. ¿Será bueno lo que escribe? Ella lo elogia todo el tiempo. Ojalá sea malo. Por que si es bueno que lo elogie significa que le gusta lo que escribe y punto. Pero si es malo e igual lo elogia es porque quiere agradarle a él. Y él sospecha que es para eso que lo escribe. Para mostrárselo a ella, para que ella sepa algo de él, tenga algo de él, piense en él aunque sea mientras lee. ¿Y si es malo y se lo elogia por que lo aprecia y nada más? Es decir, puede pensar que es un asco lo que escribe, pero no quiere dañarlo, pero no porque lo quiera, no en el sentido en el que él desea que lo quiera, sino como compañero, como amigo, como conocido, como perro abandonado que, pobrecito, inspira lástima.
jueves, 2 de julio de 2009
Se siente morir, porque acaba de advertir que esa mujer pregunta una cosa con los labios y otra con los ojos: con los labios le está preguntando por qué se ha puesto colorado, por qué se revuelve nervioso en el asiento o por qué mira cada doce segundos el reloj que decora la pared, con los ojos le pregunta otra cosa: le está preguntando ni más ni menos qué le pasa, qué le pasa a él, a él con ella, a él con ellos dos; y la respuesta parece interesarle, parece ansiosa por saber, tal vez angustiada y probablemente indecisa sobre si lo que le pasa a él, es lo que ella supone que le pasa. Ahora bien, el asunto es si lo supone, lo teme o lo desea, porque ésa es la cuestión, la gran cuestión de la pregunta que le formula con la mirada.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)