martes, 30 de junio de 2009

Tienen gustos parecidos. Y algo le dice que a ella le agradaría que pudiesen ir juntos. No pueden, claro. No corresponde. Y tal vez sea idea de él, a fin de cuentas. ¿De dónde saca eso de que a ella le gustaría acompañarlo? De su propio deseo de que a ella le guste. ¿Tiene acaso alguna certeza? Ninguna. Nunca. Jamás.
Una novia que tuvo de joven solía burlarse de su manía de mirarse en las vidrieras. Igual ni a ella, ni a niguna de las otras mujeres que han pasado por su vida, ha llegado a confesarle la verdad: su hábito de mirarse en los espejos no tiene nada que ver ni con quererse ni con gustarse. Siempre ha sido ni más ni menos que otro intento de aprender a saber quién carajos es él mismo.