Su mitad que odia la incertidumbre, y que anhela hasta la desesperación concluir con esto, opina que está bien llegar hasta aquí: mal que mal ha conseguido algo que se había propuesto. Y es esa mitad cautelosa la que sospecha que si avanza más, todo se irá al diablo y se saldrá de cauce (aunque esto último tampoco le desagrada, por lo menos sería una forma de desahogarse).
Pero tiene otra mitad, y fuertes deseos de llevarle el apunte a esa otra mitad. Al fin y al cabo, es la parte de sí que ha sentido el deseo y que ha sostenido la decisión de comenzar con esto. Y esa mitad le recuerda a cada rato, que esta historia no terminó allí, sino que debería seguir rodando, e intentar darle un final. ¿Qué es entonces lo que lo tiene tan tenso, tan nervioso, tan ausente? ¿Es simplemente la incertidumbre del cómo seguir? ¿Serán sólo los nervios de sentirse que está en el medio del río sin poder ver la orilla?
La respuesta es más simple y al mismo tiempo más ardua. Está así porque hace 2 semanas que no tiene noticias de ella. Claro, por qué habría de tenerlas. No hay motivos para que las tenga.
sábado, 11 de julio de 2009
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