jueves, 2 de julio de 2009

Se siente morir, porque acaba de advertir que esa mujer pregunta una cosa con los labios y otra con los ojos: con los labios le está preguntando por qué se ha puesto colorado, por qué se revuelve nervioso en el asiento o por qué mira cada doce segundos el reloj que decora la pared, con los ojos le pregunta otra cosa: le está preguntando ni más ni menos qué le pasa, qué le pasa a él, a él con ella, a él con ellos dos; y la respuesta parece interesarle, parece ansiosa por saber, tal vez angustiada y probablemente indecisa sobre si lo que le pasa a él, es lo que ella supone que le pasa. Ahora bien, el asunto es si lo supone, lo teme o lo desea, porque ésa es la cuestión, la gran cuestión de la pregunta que le formula con la mirada.

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