martes, 30 de diciembre de 2008

Lamadrid se llama. O se llamaba, no sé. Ojalá se haya muerto. Claro, cómo vas a conocerlo. Quién se va a acordar de él. No lo conoce nadie. Supongo que ese es un lindo castigo. Pero es un bestia. Uno de esos pelotudos que se consideran genios, y se creen un adelantado.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Capaz que los demás no lo vieron por la distancia, o porque las lágrimas se le mezclaban con el sudor y la mueca de la angustia se parece a la mueca del esfuerzo. Despúes de todo, son dos formas de sufrimiento, supongo. Pero Perlassi sabía que lo que estaba haciendo, mientras corría, era lo mismo que juntar en una pila todos los recuerdos y todas las fotos y todos los aplausos y prenderles fuego. Por eso lloraba Perlassi. Porque sabía que se estaba cavando la fosa para toda la cosecha.

sábado, 20 de diciembre de 2008

"Esa mañana Perlassi lleva quince años metido en el mundo del fútbol, y la mayoría de las personas con las que se ha tenido que cruzar son un asco. No le echa la culpa al fútbol por eso. Está seguro de que el mundo de los bomberos, el de los farmaceúticos y el de las amas de casas son, también, un asco, porque en el fondo todos los mundos son pedazos del mismo mundo.
Y Perlassi lo mira al Tanque porque se da cuenta de que ese tipo es distinto, es mejor, es otra cosa. Por eso, cuando contesta 'vamos', y salen por el pasillito que les abren dos de sus flamantes ex compañeros, Perlassi se da cuenta de que siempre va a estar en deuda con ese grandulón que parece torpe pero tiene un guante en el botín derecho."

jueves, 18 de diciembre de 2008

"No puede ser". Reconoce que su voz de repente se ha llenado de sombras. Comprende el sentido de lo que dice. No es que piense que lo que está ocurriendo sea mentira, o sea una pesadilla. Lo que dice es que lo que pasa --más alla de que esté pasando-- es demasiado confuso y terrible y el alma de la gente no aguanta cosas así, y por eso el alma de las personas prefiere pensar que no puede pasar lo que pasa. El alma sufre mucho, a veces. Lo sabe porque, aunque no sea tan grande, ya le ha pasado eso. A veces.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Es raro eso. Lo más raro de todo. Lo que más me cuesta pensar. Me refiero a cómo de repente alguien puede despegarse de la vida de uno así, como si se lo serrucharan, como si le hacharan un pedazo o... Ajena. No hallaba las palabras que necesitaba para decir lo que estaba pensando.
Alguien que encastraba con la vida de uno de repente moviéndose en otro mundo. No porque se haya ido con otro. Ajena porque su vida se ha cerrado para nosotros, pero sigue. No es que se ha muerto. Eso lo entiendo mejor... Esto no. Una vida nueva, otra, completa, sellada. Una vida entera sin nosotros... Una vida a la que no le falta nada salvo nosotros. Que en realidad no es que le falte algo, pero a nosotros nos parece como si le faltara... Lo que pasa nomás es que sobramos nosotros. Eso es todo.
A veces me pierdo en mis propias palabras. Esto no es lo que siento. ¿O sí? Dicho, fijado en las palabras quedo tan estúpido... O tal vez lo que ocurre es que el mundo de mi dolor y el mundo de las palabras existen apartados e inconexos, y es imposible vincularlos.
Si se lo piensa un poco, es algo horrible.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Siempre tuvo como un ojo especial para anticipar las desgracias, sabés. Como un don, pero un dón inútil, porque siempre se las rebuscó para detectarlas pero nunca para esquivarlas.

martes, 9 de diciembre de 2008

Llegué un martes de trabajar y me la encontré sentada en el living, con un par de valijas a los pies. Me dijo que estaba enamorada y que se iba.
Por lo menos tuve el tino de quedarme callado y no intentar averiguar de quién, o cómo había sucedido semejante cosa. ¿Se imagina el papelón?
Igual justo en ese momento sonó afuera una bocina, dos veces, y ella se levantó para irse. Así que no estoy seguro de si mi comportamiento varonil puede calificarse de severo aguante de macho argentino o de simple atolondramiento de idiota.
Lástima que todavia me faltaba cierta información. Paradita y todo, con la campera ya puesta, juntó las manos como rezando y me dijo que tenía que decirme algo. "¿Algo?", le pregunté, mientras pensaba "¿Y lo de recién que fue, pedazo de hija de puta?". Eso último no se lo dije. Una pena.
Se la hago corta. Estaba enamorada de otra persona hace más de dos meses, y esa persona era el que afuera estaba tocando la bocina.

domingo, 7 de diciembre de 2008

¿Qué era lo que lo había cautivado de ella? Porque así se había sentido. Cautivo. La palabra "cautivo" tiene que ser un derivado del latín... del latín... ¿De cuál latín? ¿De qué palabra latina deriva "cautivo"? Tres años de latín en el colegio. Qué cosa útil, Dios santo. Qué cosa útil. Cautivo. Ligado para siempre a ella. Así se había sentido. ¿Ligado? ¿Siempre? Idiota.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Fue Leticia, entre otras cosas, porque se conocieron tan jóvenes que Aráoz tuvo la certeza de que podía llegar a saberlo todo de ella. ¿Cuántos secretos podía guardar una chica de quince años? Y de esos secretos, ¿cuántos no habría de revelar en los años sucesivos de noviazgo? En Leticia no habría secretos, o no habría secretos tan profundos que no pudiesen tarde o temprano develarse.
Fue Leticia, entre otras cosas, porque se conocieron tan jóvenes que Aráoz tuvo la certeza de que podía construir las coartadas suficientes para tergiversar su propio pasado sin que ella lo advirtiese. Tal vez edificarse un pasado que contarle a Leticia fuese una manera de alumbrar un pasado para sí mismo, un pasado sumiso que no le llenara las noches de desvelos.
Fue Leticia, entre otras cosas, porque se conocieron tan jóvenes que Aráoz supo que contaba con la ventaja de poder moldearla a su antojo. Ella tenía quince años y un pasado escaso y previsible, y él tenía dieciséis y sentía que el dolor lo había envejecido de tal modo que no le llevaba un año sino un siglo. ¿No decía su madre, cada dos por tres, que él era un chico muy maduro?
Fue Leticia, entre otras cosas, porque era hermosa y buena. ¿Tres meses tirado boca arriba en su cama y no encuentra dos mejores adjetivos que "buena" y "hermosa" para definir a la que fue su amiga durante 4 años, y su novia por espacio de otros 2? Definitivamente la proefesora Bachineli tendría motivos para sentirse defraudada ante semejante pobreza de vocabulario.

jueves, 4 de diciembre de 2008

De todos modos ya está. Es inútil --y Aráoz en el fondo lo sabe-- remontarse al porqué. Es Leticia y punto. "Fue" Leticia, mejor dicho, y punto. "Fue": pretérito imperfecto del modo indicativo. No. Pretérito indefinido, bruto. Bachineli, la de Lengua, se sentiría aborchonada si lo viese traspapelar de ese modo los tiempos verbales. Pretérito indefinido. Yo fuí, tú fuiste, él fue. "Que cosa", piensa Aráoz mientras fuma su vigésimo cuarto cigarrillo de la jornada, "los pretéritos indefinido del verbo ser y del verbo ir se conjugan exactamente igual". Si hubiese sido capaz de semejante hallazgo cuando tenía quince años, durante la clase de Lengua, María del Carmen Bachineli le hubiera subido, sin duda, la nota del concepto.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

¿Por qué Leticia, habiendo unos tres mil millones de mujeres en el mundo?
A veces Aráoz elige lastimarse por esos caminos repletos de números. Dejarse la piel en el filo de esos azares matemáticos. Porque bien mirado --o mal mirado; es decir, mirando con toda la rabia y apretando a fondo para sacar a la superficie todo el pus que sea posible--, el asunto puede reducirse a una cuestión de suerte. Habiendo unos seis mil millones de seres humanos en el planeta (Araóz tiene ese dato por cierto, aunque no recuerda del todo de dónde lo ha sacado), más o menos la mitad deben ser mujeres. Sobre ese total, ¿por qué Leticia, y que termine pasando lo que pasó? ¿Por qué no alguna de las otras integrantes de ese conjunto de dimensión inverosímil? Aráoz, mientras fuma, resta de esos tres mil millones grandes porciones de ese universo femenino: quita de él a las ancianas y a las niñas, y a las mujeres que viven a más de quinientos kilómetros de Rosario. Aún eliminándolas, el quantum residual es más que apreciable. ¿Qué posibilidades matemáticas hay de que uno gane el premio de una rifa entre tres o cuatro millones de números? Aráoz no sabe nada de estadística, pero el sentido común le dice que son ínfimas. Bien. Siendo tan ínfimas... ¿Por qué Leticia? ¿Por qué semejante dolor? ¿Por qué semejante pérdida? Tres mil millones de mujeres, ¿y justo para él, ese final?