Aráoz saluda con una inclinación de cabeza a la cajera, que le devuelve un "hola" que suena nasal y apocopado. Es china, como todos los que trabajan en ese mercadito. Son una familia completa: el padre, la madre y tres hijos. Ella es la mayor de los tres. Luego vienen un varón y otra mujer. Aráoz no lo sabe por haberlo preguntado. Leticia se lo contó, durante una de las ultimas cenas que compartieron.
Aráoz se pregunta si seguirán siendo los mismos. Y si continuarán trabajando todos allí: el padre, la madre y los tres hermanos. Si se habrá agregado algún yerno, o si algunos de los hijos habrá partido. Es probable que ninguno se haya ido, aunque alguna vez ocurrirá, y cuando suceda Aráoz no va a enterarse, por qué tampoco va a preguntar. Y no solo por su timidez, sino como un modo de dejar el universo lo más parecido a como era cuando Leticia estaba. Tal vez por eso mismo jamás toca las cortinas. Ni las persianas.
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